jueves, 22 de febrero de 2018
lunes, 16 de febrero de 2009
viernes, 13 de febrero de 2009
¿Por qué Yatri Yoga?
Desde la primavera de 2010 nuestro centro adoptó un nuevo nombre: Yatri Yoga
Su símbolo es un Yantra con el Anahata Chakra en el centro. Los pétalos del loto y las hojas alrededor representan nuestra conexión y cercanía con la naturaleza.
La palabra Yatri viene de Yatra, que significa viaje o peregrinación hacia un lugar sagrado, que puede ser un lugar físico, un viaje hacia nosotros mismos, o ambos a la vez. El Yatri es quien se embarca en este viaje de búsqueda y autoconocimiento. El camino es su práctica y el destino final es la experiencia real y profunda de su propio Ser.
La vida es un Yatra. Espero que el Yoga nos ofrezca a todos un camino y un espacio donde nuestra diversidad se transforme en unidad; con nosotros mismos, con los demás, con la naturaleza universal de la que somos parte y con la verdad.
Om Namo Narayanaya
lunes, 2 de febrero de 2009
Actividades
Clases de Yoga Iyengar para todos los niveles
Talleres y cursos
Invitados especiales
* Arriendo de salas para actividades de desarrollo personal
viernes, 30 de enero de 2009
jueves, 29 de enero de 2009
HORARIO 2021, clases en línea
LUNES
* 19:30 - 21:00
MARTES * 11:30 - 13:30 práctica compartida
JUEVES
* 19:30 - 21:00
VIERNES
*19:30 - 21.00
DOMINGO
* 11:00 - 13:30 práctica compartida
jueves, 22 de enero de 2009
martes, 20 de enero de 2009
Viaje por India, Agosto- Septiembre 2009 Dharamsala
El viaje empieza en Dharamsala, en el norte, entre cerros y bosques de cedro y rododendros, a una altura que permite liberarse del calor agobiante de Delhi.
El lugar es lindo, con algunos de los elementos típicos de cualquier ciudad india: Vacas, perros, cuervos y monos en las calles, montones de basura donde los mismos se alimentan, aguas de colores y contenidos sospechosos fluyendo por las acequias cerro abajo; algunos mendigos, madres que piden leche para sus hijos diminutos, músicos, muchos puestos callejeros donde se puede comprar casi de todo (siempre regateando), una maraña de tuc-tucs, motos y otros vehículos que de alguna manera se las arreglan para transitar hábil y fluidamente.
Pero nada de eso cansa ni molesta. Mcleod Ganj, el sector donde la mayoría de los turistas se quedan, atraídos por la presencia del Dalai Lama y su entorno, es más tranquilo que la mayoría de los pueblos indios. Se puede recorrer a pie, paseando y observando la vida colorida y diversa, aparentemente apacible y hasta alegre, de la mayoria tibetana, que igual que su lider e inspirados por él, han logrado escapar de la ocupación de su país e instalarse en este lugar.
Se ven muchos monjes con sus túnicas burdeo, también muchas personas, especialmente mujeres, con trajes y joyas tradicionales. Todos llevan un rosario y el mantra OM MANI PADME HUM se escucha siempre. Transmiten nobleza, sobriedad y una identidad clara y fuerte. No parecen desesperados aunque su experiencia personal y su situación como pueblo son dramáticas.
Están dispuestos a hablar y aclarar nuestras dudas, pero no se lamentan ni exageran. Saben que necesitan, con urgencia, de la ayuda y conciencia internacional, pero confían devotamente en su lider y se dejan guiar por él.
En el mercado local hay una oferta enorme (y bastante irresistible) de productos y servicios espirituales: Buenos cursos de Yoga, masajes, meditación, sanaciones y terapias de toda índole y junto con ellos, muchas iniciativas solidarias y de voluntariado comprometidas con la causa del Tibet. La bandera tibetana y las imagenes del Dalai Lama y el Karmapa, los principales líderes espirituales de los tibetanos, aquí se despliegan libremente, sin restricciones, convirtiendo a este lugar en un segundo hogar para los tibetanos, donde encuentran esperanza, sustento y motivación para su causa.
sábado, 6 de septiembre de 2008
Srinagar
Dejamos la tranquilidad y todo lo acogedor de Mcleod Ganj. Después de 12 horas en auto, llegamos a Srinagar, la capital de Cachemira. Si bien hace algunos años esta zona disfruta un poco de tranquilidad despues de 20 años de guerra, todavía se siente tensión e inseguridad; el inmenso despliegue militar en las calles y caminos intimida y recuerda que falta mucho para dar por resuelto el conflicto politico y militar.La ciudad antigua se cae a pedazos, pero las callecitas angostas y curvas llenas de mercaderías tienen mucho encanto. Aquí se esta en el Medio Oriente, no la India. Las mujeres se tapan la cabeza o usan purdah riguroso, los hombres se visten con túnicas y el Ramadán llena el ambiente con cantos y oraciones desde las mezquitas.
Aqui estan las famosas casas-bote, destiñéndose al sol, casi todas vacías. De todas maneras es bonito recorrer el lago en una Shikara, auténticas góndolas decoradas con cojines y toldos de terciopelos floreados en rojo y oro, como para que el turista se sienta transportado al tiempo y altura de los sultanes.
Aun asi el lago es bello, enorme, lleno de laberintos con cientos de casas bote de nombres grandiosos, jardines flotantes de lotos gigantescos, muchas aves que caminan y se alimentan entre las algas y una luz que se refleja placidamente en el agua tranquila del lago Dal.
viernes, 5 de septiembre de 2008
Ladakh

Hay un estilo arquitectónico bien definido: Bases y primeros pisos de piedra; de ahí hacia arriba ladrillos de barro y paja encumbrándose hasta los 9 pisos del palacio. Las puertas y ventanas con preciosos tallados en madera. Muchas fachadas son blancas, otras rojo ladrillo y la mayoría simplemente están estucadas con barro. Los pasajes angostos de intrincados recorridos suben y bajan. En cualquier rincón aparece un monasterio con sus banderas de colores y ventanas delineadas de negro. Es fácil toparse con Gompas (monasterios) y Budas de mas de 500 años, algunos de hasta 3 pisos de altura.
La vida de los Ladakhis es muy tradicional, sobre todo en las aldeas. La mayoría vive en pequeñas comunidades de varias familias, en casas muy amplias, donde la cocina acapara todos los recursos para ser el lugar más comodo y equipado tanto para pasar los 7 meses de aislamiento invernal, cuando la temperatura baja a -25 ó 30 grados, como para festejar y recibir a la comunidad más próxima. Se vive y trabaja en colaboración e interrelación con los vecinos, ayudándose unos a otros en las tareas del campo (cada familia tiene un pequeño terreno donde cultivan verduras, frutas y forraje para los animales). Se distribuyen el agua de los deshielos por turnos a traves de canales de riego. Cuidan mucho el ambiente, no ensucian, piensan que todo es útil. Tienen baños ecológicos hace 500 años y sobre todo, parecen muy felices y equilibrados, respetando los ritmos de la naturaleza y los roles dentro de las familias y la comunidad.
Cada año, al final del verano, hay un festival de 2 semanas. Tuvimos la suerte de coincidir con él y así conocer los bailes de máscaras, interpretados por monjes que representan con mucho humor y dramatismo aspectos de la enseñanza budista. La celebración también incluye campeonatos de polo (originalmente indio) y arquería. Para este último viajamos a la aldea de Shey, la antigua capital de verano de Ladakh, con un palacio y gompa todavía imponentes, junto a las ruinas del fuerte que tiene una vista insuperable del valle del Indo.
El campeonato era parte de una fiesta, todos vestidos con trajes y adornos tradicionales. Cada vuelta de lanzamientos se celebraba con musica y bailes ( a los que fui "invitada", improvisando un atuendo tradicional con un pañuelo y un sombrerito que habia que equilibrar con la mayor gracia posible). Despues vino la comida, el té salado con mantequilla de yak y un poquito de cerveza local de cebada (todo como para repetirse).
Los días en Leh pasaron rápido, acompañados por la calidez de nuestra familia anfitriona, con la que nos encariñamos mucho. Nos fuimos con la promesa de mandar fotos y la certeza de volver...
El siguiente destino era Manali (derivado de Manu, una especie de Noe indio). Un recorrido de 18 horas en un minibus donde todos los demás pasajeros eran indios que practicamente no hablaban inglés. Nos habían advertido sobre el camino, la "Highway" que sólo se puede llamar así por lo elevado de sus pasos a través de la cordillera. La pista apenas da para un auto, pero hay que acomodarse entre camiones de carga y militares. El paso más bajo está a 4.000 metros, eso explicaba la cantidad de horas para recorrer menos de 500 kms. Lo que nadie esperaba era que en medio del camino (y del verano) empezara a nevar. De repente todo era blanco. Las ruedas sin clavos patinaban al borde de los precipicios mientras algunos empujaban y otros tiraban de una soga para tratar de avanzar algunos metros. Nadie se tomaba la molestia de explicarnos nada y los indios se reían, aparentemente fascinados con la aventura para nosotros espeluznante, confiados en el conductor. Yo repetia el Om Tryambakam, tomaba fotos no muy segura de que las llegaría a ver y trataba de soltar los dientes y acordarme de respirar. De repente, ya oscuro, todo empezó a fluir, los autos se movieron, dejaron de patinar y avanzamos, hasta pudimos dormir un poco despues de casi 24 horas de tension. Llegamos a Manali. ¿O habremos llegado a Vaikunta?
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Rishikesh y Varanasi

..."Oleadas de calor, vastos edificios grises y rojos crecidos entre las palmeras y los banianos como una pesadilla pertinaz; muros leprosos, anchas y hermosas avenidas, grandes árboles desconocidos, callejas malolientes...
torrentes de autos, ir y venir de gente, vacas esqueléticas sin dueño, mendigos, carros chirriantes tirados por bueyes abúlicos, ríos de bicicletas,
otra vez un mendigo, cuatro santones semidesnudos pintarrajeados, manchas rojas de betel [escupidas] en el pavimento,
batallas a claxonazos, más bicicletas, otro santón semidesnudo
Al cruzar una esquina, la aparición de una muchacha como una flor que se entreabre,
rachas de hedores, materias en descomposición, hálitos de perfumes frescos y puros,
jardines publicos agobiados por el calor, monos en las cornizas de los edificios, mierda y jazmines, niños vagabundos,
un eucalipto generoso en la desolación de un basurero, el enorme cartel en un lote baldío con la foto de una estrella de cine; luna llena en la terraza del sultán,
más muros decrépitos y sobre ellos consignas políticas incomprensibles para mí,
en el cielo, violentamente azul, en círculos o en zig zag, los vuelos de gavilanes y buitres, cuervos, cuervos, cuervos..."
Así describe Octavio Paz sus primeras impresiones de la India en 1951. Setenta años después la única diferencia es que hay mucho más de lo mismo.
De a poco e ineludiblemente vamos entrando en esta India clásica, la de las multitudes y contrastes, delirante e inconcebible.
Esta inmersión comienza en Rishikesh, la famosa "capital mundial del Yoga" y tierra de Ashrams y gurúes, a orillas del sagrado Ganges, que empieza aquí su descenso desde los Himalayas.
Un puente colgante muy largo y angosto une las dos orillas. Cuesta hacerse un lugar entre los peregrinos que lo cruzan periódicamente con toda calma, llenándose de todo lo que para ellos es sagrado, tal vez por única vez en la vida. Abajo en los ghats, algunos con sincera devoción hacen sus ofrendas y baños rituales. Otros cuantos se aprovechan y con la clásica imagen de renunciantes se sientan a esperar que los devotos y turistas les financien los vicios.
Hay muchas escuelas de Yoga, 2 ó 3 que valen la pena. Lo mismo pasa con los Ashrams. El de Swami Sivananda es uno de los que destacan. Es un centro sumamamente activo de enseñanzas y prácticas espirituales, con una enorme población de swamis, algunos ancianos, discípulos directos del maestro y muchos jovenes, que ofrecen su energia y disposición al servicio de los demás.
El siguiente destino es Varanasi, una de las ciudades más antiguas del mundo. Un lugar que atrae, asquea y desconcierta con la misma intensidad.
La ciudad antigua es un verdadero laberinto milenario de calles angostísimas y edificios decrépitos y bellos. Cualquiera de las pequeñas puertas artísticamente labradas y desvergonzadamente humilladas por escupos, orinas y bostas, puede llevar a otra dimensión: Tal vez haya un jardin fresco y apacible, una escuela de sánscrito donde un maestro tan decadente como el edificio instruye a 3 ó 4 jovenes residentes en las profundidades de los Vedas; un establo o unas pocas piezas malolientes y oscuras donde se hacinan varias familias, afortunadas de tener una casa. Demasiada información en calles demasiado angostas. Un toro puede ocupar gran parte del ancho de la calle y aun así hay espacio para que una familia entera pase rauda en una misma moto. Templos y más templos, tiendas, mercados y kioscos. Calor y sudor. El cielo es una ranura muy arriba, donde las cornizas de los edificios casi se encuentran.
El Ganges nuevamente es el protagonista. En aguas tan tóxicas que matan, los hindúes se bañan y "purifican" tanto física como espiritualmente. El Monzón, que recién termino su temporada, dejó una costra densa de barro y materia orgánica sobre los ghats. Allí juegan los niños, se creman los muertos y se alimentan los animales. El espacio privado no existe. Los boteros y vendedores nunca se cansan de ofrecer sus servicios y hasta parece que son capaces de leer en nuestra cara de turistas exactamente que necesitamos en ese momento, o el próximo, con una inagotable capacidad de persuación.
El paseo en bote al amanecer es de rigor. Desde el agua la ciudad parece mágica y apacible, dorada en el sol de la mañana. Inspira paz, respeto, esperanza de que todo ese patrimonio y belleza puedan ser rescatados y conservados y la vida, en vez de ser una lucha permanente, pueda ser digna y justa, con oportunidades y horizontes...
torrentes de autos, ir y venir de gente, vacas esqueléticas sin dueño, mendigos, carros chirriantes tirados por bueyes abúlicos, ríos de bicicletas,
otra vez un mendigo, cuatro santones semidesnudos pintarrajeados, manchas rojas de betel [escupidas] en el pavimento,
batallas a claxonazos, más bicicletas, otro santón semidesnudo
Al cruzar una esquina, la aparición de una muchacha como una flor que se entreabre,
rachas de hedores, materias en descomposición, hálitos de perfumes frescos y puros,
jardines publicos agobiados por el calor, monos en las cornizas de los edificios, mierda y jazmines, niños vagabundos,
un eucalipto generoso en la desolación de un basurero, el enorme cartel en un lote baldío con la foto de una estrella de cine; luna llena en la terraza del sultán,
más muros decrépitos y sobre ellos consignas políticas incomprensibles para mí,
en el cielo, violentamente azul, en círculos o en zig zag, los vuelos de gavilanes y buitres, cuervos, cuervos, cuervos..."
Así describe Octavio Paz sus primeras impresiones de la India en 1951. Setenta años después la única diferencia es que hay mucho más de lo mismo.
De a poco e ineludiblemente vamos entrando en esta India clásica, la de las multitudes y contrastes, delirante e inconcebible.
Esta inmersión comienza en Rishikesh, la famosa "capital mundial del Yoga" y tierra de Ashrams y gurúes, a orillas del sagrado Ganges, que empieza aquí su descenso desde los Himalayas.
Un puente colgante muy largo y angosto une las dos orillas. Cuesta hacerse un lugar entre los peregrinos que lo cruzan periódicamente con toda calma, llenándose de todo lo que para ellos es sagrado, tal vez por única vez en la vida. Abajo en los ghats, algunos con sincera devoción hacen sus ofrendas y baños rituales. Otros cuantos se aprovechan y con la clásica imagen de renunciantes se sientan a esperar que los devotos y turistas les financien los vicios.
Hay muchas escuelas de Yoga, 2 ó 3 que valen la pena. Lo mismo pasa con los Ashrams. El de Swami Sivananda es uno de los que destacan. Es un centro sumamamente activo de enseñanzas y prácticas espirituales, con una enorme población de swamis, algunos ancianos, discípulos directos del maestro y muchos jovenes, que ofrecen su energia y disposición al servicio de los demás.
El siguiente destino es Varanasi, una de las ciudades más antiguas del mundo. Un lugar que atrae, asquea y desconcierta con la misma intensidad.
La ciudad antigua es un verdadero laberinto milenario de calles angostísimas y edificios decrépitos y bellos. Cualquiera de las pequeñas puertas artísticamente labradas y desvergonzadamente humilladas por escupos, orinas y bostas, puede llevar a otra dimensión: Tal vez haya un jardin fresco y apacible, una escuela de sánscrito donde un maestro tan decadente como el edificio instruye a 3 ó 4 jovenes residentes en las profundidades de los Vedas; un establo o unas pocas piezas malolientes y oscuras donde se hacinan varias familias, afortunadas de tener una casa. Demasiada información en calles demasiado angostas. Un toro puede ocupar gran parte del ancho de la calle y aun así hay espacio para que una familia entera pase rauda en una misma moto. Templos y más templos, tiendas, mercados y kioscos. Calor y sudor. El cielo es una ranura muy arriba, donde las cornizas de los edificios casi se encuentran.
El Ganges nuevamente es el protagonista. En aguas tan tóxicas que matan, los hindúes se bañan y "purifican" tanto física como espiritualmente. El Monzón, que recién termino su temporada, dejó una costra densa de barro y materia orgánica sobre los ghats. Allí juegan los niños, se creman los muertos y se alimentan los animales. El espacio privado no existe. Los boteros y vendedores nunca se cansan de ofrecer sus servicios y hasta parece que son capaces de leer en nuestra cara de turistas exactamente que necesitamos en ese momento, o el próximo, con una inagotable capacidad de persuación.
El paseo en bote al amanecer es de rigor. Desde el agua la ciudad parece mágica y apacible, dorada en el sol de la mañana. Inspira paz, respeto, esperanza de que todo ese patrimonio y belleza puedan ser rescatados y conservados y la vida, en vez de ser una lucha permanente, pueda ser digna y justa, con oportunidades y horizontes...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

